Danos hoy nuestro Pan de cada día.
Queridísimos hermanos y hermanas,
La paz del Señor Jesucristo esté con nosotros.
Una de las primeras cosas que hacemos después de nacer es comunicar, con un simple llanto, al mundo nuestra existencia.
Hemos sido creados y queremos anunciar a todos que estamos presentes.
Con el paso de los años aprendemos que la comunicación no es solo verbal, sino que está hecha de muchos pequeños gestos y detalles: nos presentamos, nos relacionamos y, sobre todo, compartimos y pedimos, siempre de maneras diferentes.
¿Y con Dios, cómo hablamos?
¿Nos limitamos a usar frases hechas, como si fuera un contestador automático, o intentamos ser nosotros mismos?
¿Qué pedimos y cómo lo pedimos?
Y sobre todo: ¿es solo pedir, o también dar?
Padre infinitamente bueno,
acoge nuestras aspiraciones y hazlas tuyas,
haz tuyos nuestros deseos
y concédenos aquello que más necesitamos,
para poder darte gloria con la vida que nos has regalado.
En este mes de agosto, dedicado a Dios Padre, queremos con todo nuestro ser agradecer a nuestro Creador por el don de la vida y aprender a pedir con el corazón:
Danos hoy nuestro Pan de cada día.
146ª Maratón Internacional de Oración
29–31 de agosto de 2025
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