¡Ven, Espíritu Santo, y renuévanos!
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
¡La paz de Jesús resucitado esté siempre con todos nosotros!
En el mes de mayo, dedicado a nuestra santa Madre María, hemos rezado juntos para poder permanecer siempre en la luz de Jesús y ser, a nuestra vez, reflejo de su esplendor eterno.
Para ser transmisores de la luz viva, el Señor nos ayuda enviándonos al Espíritu Santo.
Así como no podemos ver la corriente eléctrica, que tan poderosa enciende y hace funcionar muchos mecanismos, así también el Espíritu Santo, omnipresente con la fuerza del amor divino, nos une y nos permite obrar con Dios.
«El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5,5).
Dios es amor, el Espíritu de Dios está en nosotros, entra en nuestros corazones, mueve nuestras mentes y nos impulsa a actuar, a condición de que le abramos nuestro interior:
«Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa, cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3,20).
En cada situación cotidiana, en las dificultades, en los sufrimientos, a menudo olvidamos abrir la puerta del corazón e invitar al Espíritu Santo a estar con nosotros, dentro de nosotros, y actuar por nosotros.
¡Ven, Espíritu Santo, y habita en nosotros!
Abre nuestros ojos para que podamos ver el camino que conduce a la eternidad.
Ilumina nuestras mentes para comprender los planes de Dios.
Desata los nudos en nuestros corazones para que podamos perdonar y amar incondicionalmente.
Líbranos de las cadenas del pecado que nos mantienen atados al mal, para correr hacia Dios Padre.
Ven, Espíritu Santo, y vive en nosotros.
Unidos en oración, invoquemos la venida del Espíritu Santo sobre todos nosotros.
¡Ven, Espíritu Santo, y renuévanos!
143ª Maratón Internacional de Oración
6-7-8 de junio de 2025
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