Sed santos, porque Yo soy santo
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Que la paz del Señor Jesús esté siempre con nosotros.
Como cada año, dedicamos nuestra maratón de oración de octubre a la misión más importante de nuestra vida: la santidad.
Entre las prisas de cada día, nuestros compromisos, el trabajo o los estudios, las responsabilidades, los conflictos y las decepciones, las alegrías y los logros, ¿cuántos de nosotros ponemos la santidad en primer lugar? ¿La consideramos alguna vez una de las metas más importantes de nuestra existencia? ¿Le damos la prioridad que merece? ¿Es una meta reservada únicamente a quienes emprenden un camino religioso o es una llamada dirigida a todos?
¿Es imposible alcanzar la santidad? ¿Son los santos figuras casi imaginarias o fueron, durante su vida terrenal, personas como nosotros, con sus propios defectos, incertidumbres y debilidades? ¿Eran acaso superhéroes dotados de poderes extraordinarios?
Si nos detenemos un instante a reflexionar y a poner nuestras prioridades en perspectiva, podemos hacer nuestras estas palabras de nuestro Señor:
«¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?» (Mateo 16,26).
¿De qué sirve conquistar todo lo material y tangible si, al hacerlo, corremos el riesgo de perder lo infinito y lo eterno?
«Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Juan 3,16).
Armados con la Palabra de Dios y revestidos de fe, detengámonos un momento y dirijamos nuestra mirada hacia nuestra existencia y hacia Aquel que nos creó. Somos hijos de Dios y, precisamente por eso, nuestro peregrinaje terrenal debe conducirnos de regreso a Él.
«Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Levítico 19,2).
159.ª Maratón Internacional de Oración
Sed santos, porque Yo soy santo
29, 30 y 31 de octubre de 2026
Celebremos la solemnidad de Todos los Santos y, mediante la fuerza de la oración, rechacemos toda influencia del diablo y de todas las fuerzas del mal que intentan obstaculizar nuestra unión con Dios Padre por toda la eternidad.
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